21.4.09

Y LA SYLVÍSSIMA

Ha reacomodado sus horarios.
Ya duerme a las horas que debe dormir y ya no bosteza a las horas en que debe trabajar. Ya no se pasa la noche acomodando varias veces el cojín verde, moviéndose de un lado u otro hasta encontrar la posición perfecta. Tampoco prende la luz para mejor ponerse a leer mientras el reloj le grita que se duerma o no se levantará.

No, nada de eso.

Sylvíssima ya duerme, duerme como princesa sin guisante bajo el colchón.

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